7 de abril, 2024

Queridos hermanos y hermanas en Cristo,

¡ALELUYA! Hoy nos reunimos para celebrar el Domingo de la Divina Misericordia, el Octavo Día de Pascua, un momento en el que la Iglesia sigue deleitándose en la alegría de la Resurrección. Este día es un profundo recordatorio de que el misterio pascual, que culmina en el triunfo de Cristo sobre la muerte, es tan monumental que trasciende un solo día de celebración, invitándonos a una meditación de una semana sobre su significado.

Instituido por el Papa Juan Pablo II en el año 2000, el Domingo de la Divina Misericordia se inspira en las revelaciones a Santa Faustina Kowalska, una humilde monja polaca que, en la década de 1930, fue elegida por Cristo para transmitir su mensaje de misericordia hacia la humanidad. Este mensaje, fundamental para la celebración de hoy, sirve como un faro de esperanza para todos.

Las visiones de Santa Faustina de los dos rayos de luz, que simbolizan la sangre y el agua del Sagrado Corazón de Cristo, nos recuerdan los dones de la Eucaristía y el Bautismo, subrayando el acto continuo de la Divina Misericordia que lava y renueva a la humanidad a través de todas las generaciones. Aquí, en sus encuentros con Jesús, se nos invita a rezar frecuentemente la Coronilla de la Divina Misericordia. Esta oración no es solo una devoción, sino una manera profunda de contemplar el misterio de la misericordia de Dios en nuestras propias vidas.

Reflexionando sobre el Evangelio de hoy (Juan 20:19-31), donde el Señor Resucitado imparte paz y el Espíritu Santo a sus discípulos, vemos un llamado directo a convertirnos en vasijas de su misericordia sin límites. Esta narrativa, especialmente la respuesta compasiva de Jesús a la duda de Tomás, destaca el papel de la misericordia en transformar la incertidumbre en fe.

El Papa Francisco, en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium, afirma elocuentemente: “La Iglesia debe ser un lugar de misericordia gratuitamente dada, donde todos puedan sentirse acogidos, amados, perdonados y alentados a vivir la buena vida del Evangelio.” (n. 114). Esta directriz nos inspira a vivir el mensaje de la Divina Misericordia no solo dentro de nuestra iglesia, sino en nuestra comunidad más amplia.

En este espíritu, deseo resaltar el Grupo de Oración de la Divina Misericordia en nuestra parroquia. Reuniéndose semanalmente para la “Coronilla Cantada”, con imágenes impresionantemente decoradas de la Divina Misericordia, el grupo nos inspira no solamente con sus oraciones, sino con su ministerio que ejemplifica la misericordia de Cristo en acción, desde visitar a los enfermos hasta participar en trabajos voluntarios y obras de caridad. Apoyo y recomiendo de todo corazón este grupo a todos.

En este día especial, también me viene a la mente el poderoso ejemplo dado por mis propios padres en muchos años. La imagen de mi mamá y mi papá, unidos en oración, recitando fielmente la Coronilla de la Divina Misericordia cada día a las 3PM en la tranquilidad de nuestro hogar, es un recuerdo imborrable. Su compromiso inquebrantable con esta oración ha influido profundamente en mi camino de fe.

Al celebrar el Domingo de la Divina Misericordia, que las palabras “¡Jesús, confío en ti!” nos inspiren a abrazar y compartir la misericordia de Dios dentro de nuestras familias, lugares de trabajo y comunidades, convirtiéndonos en faros de esperanza y portadores de Su amor infalible.

En el amor misericordioso de Cristo,

Mons. Cuong M. Pham