Se acerca el Día de Acción de Gracias, un momento especial para reunirnos con nuestros seres queridos y expresar nuestra gratitud por tantas bendiciones que Dios nos ha dado: la vida, la fe, la familia, los amigos y la oportunidad de celebrar en un país lleno de abundancia. Es un día que nos recuerda que todo lo que tenemos proviene de la gracia de Dios, quien siempre nos sostiene, en los buenos momentos y también en los difíciles. San Pablo nos dice: “Den gracias a Dios por todo, porque esto es lo que Él quiere de ustedes como cristianos que son” (1 Tesalonicenses 5:18). Incluso en los momentos de prueba—cuando enfrentamos pérdidas, enfermedades o los retos de la vida—podemos encontrar razones para agradecer porque Dios nunca nos abandona.
Cuando pienso en mis bendiciones, no puedo evitar recordar nuestro primer Día de Acción de Gracias aquí en los Estados Unidos. Era noviembre de 1990, y mi familia recién había llegado de Vietnam. Nos habíamos instalado en Flushing, Queens, en un pequeño apartamento que se sentía tan diferente a nuestro hogar de siempre. Aún recuerdo lo impactante que fue nuestra primera nevada: la blancura del paisaje, el frío que parecía acentuar lo desconocido, y la incertidumbre de empezar una vida nueva.
En medio de ese panorama, hubo alguien que hizo una gran diferencia para nosotros: el querido Mons. Celsus O. Collini, párroco de la parroquia Queen of Peace. Todavía lo recuerdo llegando a nuestra puerta ese Día de Acción de Gracias, con su abrigo cubierto de copos de nieve y una sonrisa cálida. Traía dos pavos grandes, bolsas de papas y otros alimentos que nunca habíamos visto. Mi madre, quien era una gran cocinera, se enfrentó al desafío de preparar un pavo por primera vez, mientras Mons. Collini, nuestro primer invitado “americano,” disfrutaba nuestros rollitos de primavera vietnamitas. Fue un hermoso intercambio de culturas y tradiciones, pero más que eso, fue un gesto de amor y generosidad que convirtió ese Día de Acción de Gracias en algo mucho más que una simple comida: fue una experiencia de fe, comunidad y familia.
Ese primer Día de Acción de Gracias siempre me recuerda lo importante que es extender la mano a quienes empiezan de nuevo, especialmente a los migrantes y a aquellos que enfrentan soledad o necesidad en estas fechas. Este año, los invito a que como parroquia busquemos maneras de ser esa presencia de amor para quienes más lo necesitan. Puede ser un vecino recién llegado, una familia que lucha por salir adelante, alguien que está solo, o simplemente alguien que necesita un gesto de bondad. Así como nosotros recibimos esa calidez hace años, ahora nosotros podemos ser instrumentos del amor de Dios para otros.
Con mucho agradecimiento por el compromiso de nuestros sacerdotes, diáconos, personal parroquial, voluntarios, líderes de ministerios y todos ustedes, especialmente aquellos que han contribuido tanto a la vida de nuestra comunidad, quiero invitarlos a nuestra Misa Solemne de Acción de Gracias este jueves 28 de noviembre a las 9:00 A.M. Reunirnos como comunidad para dar gracias a Dios en la Eucaristía hace que nuestras celebraciones en casa sean aún más significativas, pues todo lo que compartimos en nuestras mesas primero lo recibimos de la Mesa del Señor.
Que este Día de Acción de Gracias esté lleno de alegría, gratitud y amor, y que juntos sigamos construyendo una comunidad donde se viva el espíritu del Evangelio todos los días.
¡Que Dios los bendiga y que tengan un feliz y bendecido Día de Acción de Gracias!
Con cariño en Cristo,
Mons. Cuong M. Pham

