17 DE MARZO DE 2024

Queridos hermanos y hermanas,

Al comenzar la Quinta Semana de Cuaresma, las Escrituras nos interpelan con una profundidad y urgencia inigualables. Este domingo, Jesús nos brinda una verdad contundente: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto” (Jn 12:20-33).

Estas palabras encapsulan la esencia de nuestro peregrinaje cuaresmal, un viaje de vaciamiento de sí, entrega y la promesa de alcanzar la gloria suprema en Cristo. Permítanme ilustrar esta verdad con una historia conmovedora.

En una noche tormentosa en Filadelfia, una pareja agotada buscaba refugio en un pequeño hotel. A pesar de que el establecimiento estaba repleto debido a convenciones en la ciudad, el gerente mostró una compasión extraordinaria. Les ofreció su propia habitación para la noche, anteponiendo su comodidad a la suya.

Este acto de desprendimiento no pasó desapercibido. Dos años después, el gerente recibió una carta inesperada de la misma pareja, William Waldorf Astor y su esposa. Adjunto había un boleto de ida y vuelta a Nueva York y una invitación para visitarlos. Al llegar, el Sr. Astor reveló un edificio magnífico: el Hotel Waldorf-Astoria. Como muestra de su aprecio por la bondad y desprendimiento del hombre, le ofreció al gerente el puesto de gerente de este prestigioso hotel.

Esta historia, arraigada en la historia, sirve como testimonio de la verdad de las palabras de Jesús: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto”. El desprendimiento y sacrificio del gerente florecieron en una oportunidad de por vida, ilustrando que la verdadera grandeza a menudo surge de actos de servicio genuino y humilde hacia los demás.

Al reflexionar sobre esta historia y las palabras poderosas de Jesús, consideremos: ¿Qué sacrificios estamos dispuestos a hacer por el bien de los demás? ¿Estamos listos para renunciar a nuestra propia comodidad y conveniencia para promover el reino de Dios aquí en la tierra?

La metáfora del Evangelio del “grano de trigo que muere” habla al corazón de nuestro viaje cuaresmal. Jesús, a través de su sufrimiento y muerte, trae vida y liberación a un mundo pecador. De igual manera, cuando “morimos” a nuestro egoísmo y “resucitamos” a una nueva vida en Cristo al abrazar nuestras cruces y unir nuestras luchas con las suyas, participamos en su obra redentora.

Piensen en la Madre Cabrini, cuyos nobles sacrificios en su incansable servicio a los marginados y olvidados en nuestra propia ciudad de Nueva York aún cautivan al mundo. La fascinante película sobre la Madre Cabrini, que actualmente se proyecta en los cines de los Estados Unidos, retrata hermosamente su vida y misión, sirviendo como un poderoso testimonio de la verdad de la enseñanza de Cristo.

A medida que nos acercamos a la pasión y resurrección de nuestro Señor, escuchemos Sus palabras: “El que me sirve, debe seguirme… Mi Padre honrará a quien me sirva”. Que nuestros sacrificios cuaresmales ejemplifiquen el espíritu de amor desinteresado al que Cristo nos llama a abrazar.

Con mi bendición,

Monseñor Cuong M. Pham