16 DE JUNIO DE 2024

Estimados feligreses,

¡Saludos y paz desde Vietnam, mi tierra natal!

Al celebrar el Día del Padre este fin de semana, quiero reflexionar sobre la belleza de la paternidad. Un joven dijo una vez: “Es como el Día de la Madre, excepto que no gastas tanto en el regalo”. Aunque el Día del Padre no evoca la misma sentimentalidad, su significado es profundo.

El Día del Padre es una oportunidad para honrar no solo a nuestros padres biológicos, sino también a todos aquellos que han asumido el papel de la paternidad a través de la afiliación personal. Esto incluye a padrastros, padres adoptivos, padrinos, padres espirituales, abuelos, tíos y otras figuras paternas que nos nutren y guían. Cada uno de ellos refleja el amor y el cuidado de Dios de una manera única.

Durante los últimos tres años desde el fallecimiento de mi papá, el Día del Padre ha sido desafiante. Aunque físicamente ausente, su influencia sigue siendo fuerte. Sus palabras, fe y forma de vida continúan guiándome, mostrando que el amor de un padre se extiende más allá de la presencia física, dejando una huella indeleble en la vida de sus hijos.

Más allá de mi papá, muchos hombres han sido como padres para mí, incluidos los sacerdotes que me han cuidado espiritualmente a lo largo de mi vida. Estos individuos notables han impartido lecciones e inspiraciones que continúan formando quién soy.

Reconozco que no todos han tenido una figura paterna. Algunos pueden haber carecido de la presencia de un padre por completo. Sin embargo, esto no disminuye la esencia profunda de la paternidad, tal como Dios la ha concebido. En un mundo que atraviesa una crisis de paternidad, necesitamos que los padres abracen este llamado.

Como sacerdote, puede que no tenga hijos biológicos, pero tengo numerosos hijos espirituales que me llaman “Padre”. Entre ellos hay jóvenes sacerdotes y seminaristas a quienes he adoptado como mis “hijos espirituales” a lo largo de los años. Siento una responsabilidad especial de apoyarlos e inspirarlos en sus vocaciones. Cuidar de su bienestar me brinda una inmensa alegría, similar a la experiencia de un padre con sus propios hijos. Aunque mis hijos espirituales ahora están repartidos en diferentes estados y continentes, nuestra relación demuestra que la paternidad puede extenderse al ámbito espiritual, donde uno está llamado a generar y regenerar vida de una manera especial.

En este Día del Padre, expresemos nuestra gratitud por los padres en nuestras vidas. Honrémoslos por su amor, sacrificio y presencia inquebrantable. Para aquellos que han perdido a sus padres o enfrentado relaciones difíciles, encuentren consuelo al saber que nuestro Padre celestial, el epítome de la paternidad, siempre está allí para nosotros. Su amor no conoce límites, su cuidado es inquebrantable y su presencia es eterna.

Desde nuestros padres terrenales hasta nuestro Padre espiritual, saquemos fuerza e inspiración mientras nos esforzamos por encarnar la belleza de la paternidad en nuestras propias vidas.

¡Les deseo a todos un feliz Día del Padre!

Monseñor Cuong M. Pham