Querida familia parroquial,
Al comenzar un nuevo año litúrgico, se nos invita a emprender el profundo y sagrado camino del Adviento. Esta temporada de asombro y esperanza nos llama a prepararnos no solo para la alegre celebración del nacimiento de Cristo, sino también para Su gloriosa venida. Es un tiempo de reflexión, renovación y responsabilidad ante Dios, mientras consideramos cómo hemos vivido nuestras vidas y administrado los dones que Él nos ha confiado.
Adviento, que significa “llegada,” se extiende a lo largo de cuatro domingos hasta la víspera de Navidad. Es nuestro “Año Nuevo” en la Iglesia, marcando el inicio de nuevas lecturas y un espíritu renovado. Este tiempo sagrado está caracterizado por la alegría esperanzada y la preparación penitencial, simbolizadas por los tonos púrpuras de los ornamentos litúrgicos, que se transforman en color rosado en el Tercer Domingo de Adviento, a medida que nos acercamos al gozo de la venida del Señor.
Adviento también evoca el anhelo de los profetas y el testimonio fiel de Juan el Bautista. Nos recuerda vivamente la fe expectante de María y José, cuyo ejemplo nos invita a preparar nuestras propias vidas para la llegada de Jesús, no solo en los sacramentos, sino también cuando lo encontremos cara a cara.
En medio de las ocupaciones de la vida, el Adviento puede pasar rápidamente sin que nos demos cuenta. Este año, comprometámonos a vivir plenamente este tiempo sagrado. Así como preparamos nuestras casas para las fiestas, también debemos preparar nuestros corazones para la llegada de Cristo:
• Hagámosle Espacio: Comencemos con un examen de conciencia. Desprendámonos del rencor, la codicia o cualquier obstáculo que impida que Cristo habite plenamente en nuestro corazón.
• Limpia el Desorden: Participemos del Sacramento de la Confesión. Al limpiar nuestros pecados, hacemos espacio para la renovación espiritual y enfocamos nuestras vidas hacia Dios.
• Cuelga Nuevas Cortinas: Con el corazón limpio, abracemos la alegría. Reemplacemos la desesperación y las preocupaciones con esperanza y anticipación, recordando que el Señor se deleita en un corazón lleno de gozo.
• Pon la Mesa: Al proclamar “¡El Señor está cerca!”, adornemos nuestras vidas con virtudes como la paciencia, la generosidad, el entusiasmo y la caridad. Estas virtudes son como la mejor vajilla de nuestras almas, mostrando nuestra disposición para recibir al Señor. En este espíritu, el Papa Francisco nos anima a tomar acciones concretas para prepararnos para la Navidad: “Visitar a alguien que está solo, ayudar a los ancianos o enfermos, servir a los pobres o a quien esté necesitado. Pedir perdón, pagar una deuda, resolver un malentendido o rezar más. Todos podemos hacer algo concreto” (Ángelus, Tercer Domingo de Adviento 2022).
• Abramos de Par en Par la Puerta: Una vez preparados, esperemos en silencio y oración. En esta vigilancia orante, dejemos de preocuparnos por el tiempo perdido o las tareas pendientes, y estemos listos para recibir al Señor con el corazón abierto.
Que este tiempo de Adviento los inspire a profundizar su fe y a preparar sus corazones para la llegada de Cristo, trayendo gozo y bendiciones a ustedes y a sus seres queridos.
En Cristo,
Mons. Cuong M. Pham
